De vez en cuando…

Un puñado de ideas para compartir

La Certeza del Psicótico Septiembre 23, 2008

Archivado en: Inquietud — cataneyra @ 5:54 am
Tags: , , ,

El sábado, por fin, después de pensarlo, meditarlo, proponérmelo cien veces con la cabeza en la almohada, fui a ver mi primer programa en vivo de La Colifata. Que qué tal? Al principio aterrador. Llegamos y los pasillos del hospital parecían cerrarse a medida que avanzábamos. Completamente indefensas y con muy pocos cigarrillos para tramitar nuestra libertad, caminamos para adelante sólo porque ya estábamos ahí, creo. Sin embargo llegamos al parque, a la casita de material adornada de cables y coronas de sillas blancas. Claudia Alejandra fue la primera que nos vio y decidió recibirnos. Una Colifata oficial con una sonrisa desnuda y completamente transparente. Sincera, como si se escapara del cuerpo. 

En ese momento me pregunté: ¿a qué le tenés miedo? ¿a lo que puedan hacer o decir? ¿O simplemente te da miedo encontrarte en ellos? En esas certezas delirantes que a veces disparan sin pudor. “Yo soy Napoleón”. “Yo siempre fui loco”. ¡Y claro! ¿Cómo no nos vamos a encontrar en ellos? Si estamos hechos de lo mismo . Yo descubrí que la diferencia está en el modus. De su angustia ellos hacen metáfora, crean, dicen, comunican. Buscan una y otra y otra vez. Como una amiga mía sabe decir, cazan ideas; acarician el pensamiento que surge en el delirio. Nosotros muchas veces nos escondemos detrás de él. Detrás de las palabras, de los cuadernos, diarios, pantallas, amigos, saludos, teclados, miradas, anteojos, canciones. Nos escondemos. Otro tipo de locura, pensé.

En fin, muchas gracias! Pienso volver.

 

 

Vivo en la línea D Septiembre 10, 2008

Archivado en: Inquietud — cataneyra @ 3:12 am
Tags: , , , ,

HEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEYYYYYYYYYYYYYYYYYYY!!!! Y yo que me estaba acomodando en la rutina del pensar sin conciencia. Mis piernas por fin comenzaban a moverse. Mis hombros ya se iban acostumbrado al peso de la mochila. Los ruidos me invadían justo a tiempo. Las personas hablaban y mi atención finalmente cedía al desinterés. Justo cuando los vagones empezaban a avanzar.

Lo escuché distraída. No lo esperaba, es cierto. Pero el estrépito del grito no me fue fortuito. Todo lo contrario. Se arrimó como un murmullo de esos que insinúan los auriculares de los pasajeros. Sabía que no podía significar otra cosa y que si paraba la oreja la melodía se haría presente. Certera, filosamente real. Es que hay sensaciones que sólo nos acarician cuando hay música. Los ojos no sirven. Las manos no pueden más que vacilar torpes en el espacio. Simplemente se debe escuchar y existir en el contrapunto. Parece un viaje infinito, es cierto. Parece que se multiplica el zig zag. De repente el túnel se ilumina al compás de las guitarras y tambores. Catedral, Tribunales, Carranza, Palermo, Juramento, Bulnes, Agüero. Caos de estaciones. Todas y ninguna, eso ya no importa. Sólo una monedita. PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII. ¿La próxima es Facultad de Medicina?

Y después el pasajero se baja. Las puertas se abren complacientes para permitirle el paso. Ésta sea tal vez la triste certeza del subte. El pasajero siempre bajará. No importarán las orquestas, o los gritos. Ni siquiera qué tan pesada sea mi mochila. No existirán místicas palabras que impidan el hecho fatal. La música no será más que notas al aire.

¿Y a fin de cuentas? Catedral-Congreso-Catedral-Congreso. El subte no hace curvas cerradas.

 

 

The Umbilical Brothers Septiembre 6, 2008

Archivado en: Inquietud — cataneyra @ 10:02 pm
Tags: , , ,

En honor a nuestro super deportivo año 2008. Give me the finger!!